“Al entrenador de base ya no se le respeta, casi todos manejan una abultada hoja de agravios”
Ser entrenador de base siempre fue magia. Una ayuda e ilusión, para que los niños y niñas pudiesen volar con su imaginación. Fue transitar los senderos de la ilusión, viajar a través de la imaginación. Figurarse, transitar por países y
culturas, a través de sus competiciones.
Difícil situación la del técnico actual. No es sencillo ser entrenador, en la sociedad que hemos creado, basada en la engañosa eficacia, postureo y la más profunda indiferencia. Donde, cada día, hay más padres que relegan de los entrenadores, que los arrinconan y los enfrentan.
¿Qué nos está pasando?
Esta aceleración de vida que nos azota, no sólo ha puesto patas arriba a los valores deportivos. También ha marchitado los
cimientos más profundos de la vida deportiva, de los más pequeños. Este malestar, en el llamado deporte de base, no desaparecerá en días. Tampoco en meses. Será perdurable.
Los entrenadores ya no son respetados. Casi todos manejan una abultada hoja de agravios. ¡Y eso que, en sus manos está parte de la educación y formación de las futuras generaciones!
Confío en el valor de la resiliencia. Ese aguante noble y necesario, indispensable para entrenar, educar y enseñar en la actualidad. Si esa claridad y resiliencia fracasa, si esa ilusión se desvanece, sólo queda terreno para el vacío y la desesperanza.
¡Y eso sería nuestro fin!
Muchas gracias. ¡Salud, suerte y hasta la próxima!




